La adquisición de la sede de Juan B. Justo marcó un punto de inflexión en la historia de la Facultad. Contar con un edificio propio permitió consolidar la enseñanza, fortalecer la investigación y sentar las bases del crecimiento institucional que continúa hasta la actualidad.
Durante sus primeros años, la Facultad de Ingeniería fue construyendo su identidad en distintos espacios de la ciudad. Las primeras clases se dictaron en la Escuela Industrial Nº 1 Domingo Faustino Sarmiento. Más tarde, las actividades académicas se trasladaron a la Escuela Nº 16, mientras que los laboratorios continuaron funcionando en la Escuela Industrial. En 1968, gran parte de la actividad se mudó al Solarium, escenario de la vida universitaria de las primeras promociones.
Sin embargo, el crecimiento de la Facultad hacía evidente la necesidad de contar con un edificio propio.
Una casa para crecer
En 1971, durante la gestión del decano interventor Carlos Pantín y con el acompañamiento del entonces rector Héctor Dalló, comenzaron las gestiones para adquirir un edificio que reuniera en un mismo lugar la actividad académica de la Facultad.
La decisión fue estratégica. El inmueble ubicado en Juan B. Justo y Rateriy ofrecía el espacio necesario para pensar una institución con proyección de futuro. Hasta entonces el lugar había funcionado como frigorífico y parte de sus instalaciones habían sido concebidas para actividades industriales, una característica que, con el tiempo, resultó adecuada para el desarrollo de laboratorios y talleres.
Finalizadas las tareas de acondicionamiento, la nueva sede fue inaugurada en octubre de 1971.
A partir de ese momento, la Facultad comenzó una nueva etapa de su historia. Por primera vez, pudo reunir en un mismo espacio aulas, laboratorios, oficinas y áreas de trabajo, fortaleciendo la vida académica y favoreciendo el encuentro cotidiano entre estudiantes, docentes y personal universitario.
En esos años se impulsó además la incorporación de docentes con dedicación exclusiva, provenientes principalmente de Mar del Plata y La Plata, que fortalecieron el desarrollo científico de la institución y sentaron las bases de los grupos de investigación que crecerían durante las décadas siguientes.
Un edificio que también fue creciendo
La Facultad nunca dejó de transformarse. Con el paso de los años se incorporaron nuevas aulas, laboratorios, oficinas y espacios destinados a la investigación. Sobre la calle Solís se construyó el edificio de Mecánica, que permitió concentrar nuevas áreas académicas y acompañar la creación de carreras y departamentos. Más adelante llegaron las ampliaciones del INTEMA, nuevos laboratorios, el Aula Magna y distintos espacios destinados a la formación de grado y posgrado.
Cada obra reflejó el crecimiento de una Facultad que ampliaba su matrícula, fortalecía la investigación y profundizaba su vínculo con el sector productivo y la comunidad.
Más de medio siglo después, la sede de Juan B. Justo continúa siendo el corazón de la Facultad de Ingeniería. Por sus aulas pasaron miles de estudiantes, se desarrollaron proyectos científicos de alcance nacional e internacional y se formaron generaciones de profesionales. A 60 años de su creación, aquel edificio adquirido en 1971 sigue siendo el lugar donde la Facultad construye, cada día, su historia y su futuro.



